El Informe de la Organización Mundial de la Salud “Gender and Road Traffic” adelantaba en 2002 que existen diferencias entre hombres y mujeres conductoras, solicitando para ello el desarrollo de políticas donde esta perspectiva esté incluida.
Se señala en concreto que “[…] la masculinidad puede ser peligrosa para la salud. La socialización del rol del género y la asociación de la masculinidad con un comportamiento de riesgo, la aceptación del riesgo, el desapego al dolor y las lesiones, pueden ser factores que lleven a acciones peligrosas por parte de los hombres. Esto incluye, por ejemplo, el consumo de alcohol excesivo, el uso de drogas, el comportamiento agresivo para estar en control de las situaciones y la conducción de riesgo”.
Hay evidencias suficientes que demuestran que los hombres, y en particular, los jóvenes, tienden a tener conductas más agresivas en comparación con las mujeres en la mayoría de las culturas, y este factor tiene un impacto muy importante en la conducción, incitando a un comportamiento más competitivo y hostil y, en consecuencia, incrementando las posibilidades de sufrir un accidente de tráfico.
